viernes, 8 de mayo de 2009

FIDELISMO (1812 - 1820)

Entre 1812 y 1820 Valdivia junto con Chiloé serian los baluartes de la Corona hispana en la América independiente.
En 1813 el obispo Rafael Andrea y Guerrero exhortaba, a través del pulpito, a los valdivianos a abandonar las armas realistas.
En febrero de 1813 partía una fuerza expedicionaria desde el Perú al mando de Antonio Pareja. Su intención era recuperar la gobernación de Chile de manos insurrectas. La expedición recalaría en Ancud primero y el 20 de marzo en Valdivia. Se aprovisionaría en hombres y víveres partiendo el 23 de marzo hacia el norte.
La fuerza se componía de la siguiente forma: Un Batallón de veteranos, al mando del capitán Carlos Oresqui, 390; Batallón voluntarios de Castro, al mando del teniente de asamblea Juan Ballesteros, 500; una Compañía de artillería mandada por el teniente Pla, 132; un Batallón de veteranos de Valdivia al mando de Lucas Ambrosio de Molina, 506; una Compañía de artillería de Valdivia al mando del teniente coronel José de Berganza, 44. La tropa totalizaba 1572 hombres.
Durante 1816 el gobernador de Valdivia, Manuel Montoya, alertado por las noticias traídas por los indios y por los misioneros de la región solicitaba a su par de Chiloé, coronel Ignacio Justis, que le envíe un destacamento para colaborar en la defensa de la plaza. Misma solicitud enviaría al gobernador Marco del Pont. En Chiloé se organizo una tropa de doscientos hombres al mando del teniente José Gutiérrez y se le hizo marchar rumbo a Osorno. Todo este movimiento de tropas, causado por un engaño, traería gastos inútiles.
El 12 de mayo de 1816 fallecía en el hospital de Valdivia en distinguido militar y patriota Ventura Carvallo y Goyeneche. Se había retirado de las actividades políticas en 1814 a causa de su edad y al año siguiente se recluyo en el hospital por enfermedad.

LUCHA POR LA INDEPENDENCIA (1810 - 1820)

Luego de la instalación en Santiago de la Junta Nacional de Gobierno, el gobernador de Valdivia, Alejandro Eagar, reconocería la autoridad de la misma el 29 de octubre de 1810. Pero este reconocimiento seria tan solo temporal ya que el gobernador al darse cuenta que las autoridades de Santiago avanzaba hacia la independencia, comenzaba a ponerse predispuesto a entregar la plaza al virrey del Perú.
A partir del 21 de febrero de 1811 por medio del “Decreto de Libre Comercio con potencias extranjeras o amigas” el puerto de Valdivia “queda abierto al comercio libre de las potencias extranjeras, amigas i aliadas de la España i también de las neutrales.” Así rezaba un decreto promulgado por la Junta de Gobierno de Santiago al proclamar la libertad de comercio, decisión que afectaría a gran parte del país.
Ante la convocatoria a elección de diputados a Congreso Nacional a reunirse en Santiago, en el presidio de Valdivia donde los exaltados habían propuesto al padre Camilo Henríquez como candidato a diputado, no se hizo la elección por el empeño que en ello puso el gobernador militar Alejandro Eagar, enemigo de las ideas revolucionarias.
El 1 de marzo se llevaba a cabo la elección del representante al Congreso Nacional saliendo elegido el vicario Isidro Pineda. La elección seria anulada ya que las personas con más alta votación eran curas y el reglamento electoral prohibía su elección. El gobernador Eagar no autorizo una nueva elección quedando como suplente José María de Rosas.
En octubre se recibirían las noticias de la creación de una junta de provincial de gobierno y también las ordenes para el establecimiento de nuevas juntas en todas las ciudades de la provincia.
Ante lo anterior algunos patriotas encabezados por el párroco de Valdivia, Isidro Pineda, y el capellán del hospital, Pedro José Eleyzegui, fomentaron un cambio de gobierno.
El 1 de noviembre de 1811 se dio un golpe contra el gobierno de la Corona en Valdivia. Ese domingo se llevo a cabo la misa a la que asistió el gobernador Eagar y un batallón de veteranos encabezados por el capitán Gregorio Henríquez. A la orden del capitán Henríquez se pronunciarían en abierta rebelión. El gobernador Eagar y el sargento mayor Atero fueron tomados prisioneros al salir de la iglesia. En el cabildo, reunido al amparo de la tropa, se declaro depuesto al gobernador reemplazándolo por una Junta Provincial de Gobierno de cinco miembros, dependiente de Concepción. Fue presidida por el coronel Ventura Carvallo Goyeneche e integrada por el cura Isidro de Pineda y Arias de Molina, presbítero Pedro José Eleyzegui y Ayarza, los vecinos Vicente Gómez y Fernández de Lorca y Jaime de la Guarda y Valentín; Diego Pérez de Arce quedo de secretario. La noticia de la creación del gobierno de Valdivia llegaría a Santiago el 8 de noviembre.
José Miguel Carrera quiso aprovecharse de ciertos descontentos para provocar una revuelta que dejase a Valdivia bajo dependencia de Santiago. Para ello se puso de acuerdo con el capitán realista Pedro Asenjo para organizar un movimiento militar, proporcionándole los recursos.
Asenjo, contrario a los cambios de gobierno suscitados en Chile, regreso a Valdivia y comenzó a urdir un plan para deponer la Junta que gobernaba la plaza junto al sargento mayor Lucas Ambrosio de Molina, el capitán de infantería Julián Pinuer y el capitán comandante de artillería José Berganza.
A las dos de la madrugada del 16 de marzo de 1812 estallo la revolución. El sargento mayor Molina y el capitán Pinuer ocuparon el cuartel del Batallón Fijo y formaron un consejo de guerra presidido por el capitán José Ulloa. Allí se acordó arrestar a los miembros del gobierno de la plaza en sus casas así como al capitán Gregorio Henríquez.
Según consta en el acta del consejo de guerra ocurrió así: “Llegada que fue la luz del día se formo la tropa en la plaza i se mando tocar jenerala, e inmediatamente se hizo la señal convenida de los cañonazos, sacándose las reales banderas, todo con arreglo a las reales ordenes, en cuya respetable posición no se atrevieron los partidarios de la junta a respirar. A poco rato concurrió mucha parte del pueblo, i a su presencia se ratifico el batallón en el juramento a las reales banderas, a que acompaño el pueblo lleno de alegría a gritos: “¡¡Viva el rei Fernando VII!!” “¡¡Viva la suprema regencia española!!” “¡¡Viva el Excmo. Señor presidente de la capital don José Miguel Carrera!!” “¡¡Mueran los desleales!!”. En el mismo acto se publico al batallón i al pueblo la extinción de la junta, declarando por gobernador interino de esta plaza i su jurisdicción al señor coronel graduado de infantería Ventura Caravllo (error del escribano. El apellido es Carvallo), a quien por mayor graduación le corresponde según lo mandado por S.M. i ultima orden de la capital”.
Se disolvió la Junta Provincial y Ventura Carvallo se hacia cargo del gobierno de la plaza. Carrera se entero el 15 de mayo (aunque Barros Arana da como fecha el día 5) sin reparar que los gritos lanzados en Valdivia la ponían bajo el comando directo del Virrey del Perú.

“El 25 de Mayo de 1812 recibí en Talca el acta en que se ven los motivos por qué fue depuesta la junta de Valdivia por la tropa. Se componía ésta de los patriotas don Isidro Pineda, Presb. Dr. Don Pedro José Eleísegui; del coronel don Ventura Carvallo, presidente, don Vicente Gómez i don Jaime de la Guarda. Véase el acta i manifiesto de la junta de guerra que se creó en la revolución, señalados con los N° 9 i 10; los oficios de la misma junta de guerra a mí, mi contestación i la contestación del Gobierno, señalados con el N° 10.
Apenas llegué a Santiago, se publicó el decreto del Gobierno, fecha 6 de Junio, N° 11”
(Colección de Historiadores y documentos relativos a la Independencia de Chile, Diario Militar de José Miguel Carrera, pág. 57, 1900)

Aun así envía comunicaciones a la ciudad de Valdivia recordándoles que Chile se encuentra regido por una junta. “Este es el sistema del reino que deseamos abrace la fuerte plaza de Valdivia. Nos son constantes su adhesión a la capital, su decisión por la buena causa, i la oposición constante i firme a las insinuaciones por armarla contra sus hermanos , i no podemos dudar de la jenerosa condición de sus habitantes que acaben una obra que empezaron tan dignamente i a costas de tamaños riesgos”.
(Oficio de José Miguel Carrera al gobernador y tropa de Valdivia fechado en Talca el 5 de marzo de 1812 y publicado en la Aurora de Chile el 2 de julio).

El 26 de junio la Junta de Guerra, formada al disolver la Junta Provincial de Gobierno, acuerda separarse de la autoridad del gobierno de Chile y reconocer al del Perú. “Llegó de Valdivia la fragata Nueva Limeña, que llevó el situado. Se le pidió a la junta de guerra que viniese a la capital. A Berganza, que había sido aclamado comandante jeneral de Artillería, se le pidió que mandase algunos cañones, fusiles, pistolas, etc., etc., etc.; para hacerlos así menos fuertes en sus tentativas contra el sistema, cuya idea le conocíamos. El resultado de este paso se ve en el acta en que acordaron separarse del Gobierno de Chile, i reconocer el del Virrey de Lima; véase el N° 13. Este acontecimiento redoblo la vigilancia del Gobierno en aprontar su armamento, y en acordar el modo más pronto para reducir a los infames de Valdivia. Se acordó que cuanto antes marchase a Concepción a organizar y aumentar la fuerza para tomar Valdivia y reducirla a la obediencia.”
(Colección de Historiadores y Documentos relativos a la Independencia de Chile, Diario Militar de José Miguel Carrera, pág. 59, 1900)

A pesar de estos comunicados la Junta de Santiago miraba con recelo los cambios ocurridos en la plaza y presidio de Valdivia. Desde un principio veían esos hechos como un peligro inminente para el afianzamiento de las instituciones.

1807 - 1810

El 15 de agosto fallecía el gobernador Juan Clarke y Springham. Seria sustituido según Real Cedula de diciembre de 1807 por Alberto Alejandro Eagar.
El 22 de febrero de 1809 el gobernador Alberto Alejandro Eagar crea la Junta Subalterna de Vacuna para proveer de las medicinas y vacunas para la población.

QUIEBRE DE LA REAL HACIENDA 1807

El 24 de enero de 1807 los ministros Francisco Antonio Aguirre y Juan José de la Jara comunicaban al gobernador Juan Clarke de la quiebra de la Real Hacienda de Valdivia en las siguientes palabras “en precaución de qualquier ultraje que el selo de nuestros Gefes pudiera inferir a nuestras personas, nos hemos refugiado a1 Asilo de Nuestra Santa Madre Iglesia”. Esta situación se había forjado a raíz del uso malicioso de los fondos reales en los negocios particulares de los ministros Aguirre y de la Jara. El resultado de esos manejos seria la quiebra de la Real Hacienda.
Constituido en Junta el gobernador, junto al alcalde don Diego de Adriazola, del coronel Feliu, del sargento mayor y del superintendente de Osorno don Juan Mackenna, revisa las Cajas Reales y constata la ausencia de 115.060 pesos y 6 ½ reales. Por lo anterior el gobernador solicitaría a los vecinos su colaboración. Se formaría una Junta Extraordinaria de Gobierno con constituida por el Gobernador Clarke y don Diego Adriazola, don Santiago Vera, don Manuel Olaguer Feliú, don Juan Sayers, don Ventura Carvallo, don Manuel de la Guarda, don Pablo Asenjo, don Vicente Gómez y don Juan Gallardo Navarro.
Se embargaron los bienes de los ministros Aguirre y de la Jara, siendo subastados pero con ello no se lograría cubrir lo perdido.
Los implicados serian sustituidos por el maestre de campo Diego Adriazola y Juan gallardo Navarro. Pedro Lafita, ministro tesorero de las cajas reales de Concepción, seria nombrado como propietario de las de Valdivia.
Las responsabilidades recayeron inmediatamente en el gobernador, que tuvo que sacrificar buena parte de su fortuna para suavizar los efectos de la bancarrota.

LA VISITA DEL GOBERNADOR HIGGINS Y SUS CONSECUENCIAS

Para realizar personalmente la ardua tarea de refundar desde sus cimientos la ciudad de Osorno, el gobernador Ambrosio O’Higgins partiría en los primeros días de noviembre rumbo a Valparaíso donde lo esperaba la fragata de guerra Astrea para transportarlo a Valdivia. Desde Valparaíso partiría el 11 de noviembre con una comitiva entre los que se encontraban su asesor general Ramón Martínez de Rosas, secretario accidental de gobierno Ignacio Varela y el nuevo obispo de Concepción Tomas de Roa y Alarcón.
Llegaría a Valdivia a fines de noviembre de 1795. Allí se dio a la tarea de reunir provisiones y gentes para acudir a los fuertes que ya se habían fundado en los alrededores (fundados por Pinuer y Figueroa). Luego de recorrer el tramo desde Valdivia hasta las ruinas de Osorno, haría pregonar el 13 de enero de 1796 la refundación de Osorno. A cada familia se le dio un solar en la ciudad, un lote de 25 cuadras para cultivar la tierra y las herramientas de trabajo indispensables para subsistir.
En 1794, luego de un largo periodo, se reinstauraría la figura del Cabildo. En este organismo se elegirían cuatro regidores, un alguacil mayor y un escribano. Aun así las autoridades de la época desconfiaban de este órgano por los problemas que podría traer.
En agosto de 1795 se haría cargo del gobierno, interinamente, de la plaza y presidio de Valdivia el coronel irlandés Juan Clark y Springham. Posteriormente seria ratificado en el cargo el 30 de septiembre de 1796.
Durante el año 1795, a raíz de un auto promulgado en Santiago (19 de marzo) por el Gobernador Higgins, se ordenaba un peritaje de los terrenos de la Isla Valenzuela y su posterior subasta. Para el efecto el gobernador Clarke convoco el 16 de agosto de 1798 al alcalde Ignacio de la Guarda, a los ministros de la real hacienda Juan José de la Jara y Francisco Antonio Aguirre, junto al procurador Manuel Vázquez. En ella se encomendaría un peritaje de los terrenos, una vez avaluados, estos pasarían a subasta de arrendamiento. La lista de propietarios seria: sargento mayor Lucas de Molina, capitán retirado Vicente de Agüero, alférez retirado Gregorio Pinuer, alférez retirado Gabriel Barrera, teniente José de Ulloa, alférez retirado José Cerro, Josefa Justaman, Manuel Ojeda, Rafael Herrera, Policarpo López, Celedonio Valero, Manuel Talegan, Lorenza Sáez y León Aguilar. La información seria enviada a Santiago, donde el gobernador Muñoz de Guzmán resolvería, por resolución de fecha el 1º de septiembre de 1800, a favor de los remates temporales cada dos años.
En 1797 y ante la expectativa de una guerra con Reino Unido se tomarían las previsiones del caso para reforzar las guarniciones del país. Desde Santiago se enviaría un cuerpo de 400 milicianos al mando del teniente coronel Blas González a reforzar la plaza de Valdivia y también se enviaría todo el pertrecho que fue posible reunir.

PARLAMENTO Y TRATADO DE LAS CANOAS 1793

El 11 de septiembre de 1793 se firmaría un tratado de paz entre los caciques Catrihuala, Añil y Canihu, las cabezas Gulmenes de sus parcialidades y coronel Lucas de Molina y Bermuda. Según el tratado de Las Canoas se adoptaron los siguientes acuerdos:

1.- Que con gusto admitían Padres Misioneros
2.- Que para su Mansión les cederían tierras independientes de las asignadas para los españoles queriendo que estuviesen entre ellos los Misioneros en paraje competente.
3.- Que no darán sentimiento algunos a los Padres, obedecerán a sus disposiciones y los respetaran como corresponde.
4.- Que aunque la extensión de la Misión debía ser la dependencia de los tres caciques Catrihuala, Yñil y Canihuque esta entre el Río Pilmaiquén y Maypue no permiten la distancia que los Padres cimentados en las orillas del río Las Canoas puedan asistir a todos los indios que comprenden dicha Reducción de Rahue, por lo que si todos estos indios han de estar dejado de Misión se hace preciso el Establecimiento de Obras en las inmediaciones del río Pilmaiquén a que acceden estos caciques siempre que el Rey lo juzgue oportuno.
5.- Que todos indistintamente entregaran sus hijos menores para el Bautismo, y en tiempo oportuno para la Instrucción Cristiana.
6.- que todos los solteros se casaran se casaran en adelante por la Iglesia y cumplirán con las obligaciones cristianas.


Otros términos eran:

1.- Que si algún indio cometiese algún exceso ninguno se opondría su justo castigo.
2.- Que no se malconearan, ni robaran unos a otros.
3.- Que si algún cacique o mocetón intentase perturbar la Paz, lo entregaran a los españoles para que le castiguen.
4.- Que en llegando Queipul se le obligue a mantener estos mismos tratados; y que si no lo hace, le perseguirán como ha enemigo común, siendo este el objetivo principal de la concurrencia de los caciques a esta junta, pues miran a Queipul como causa de todos los males que han padecido en la próxima guerra.
5.- Que siempre que el señor Gobernador de Valdivia los llame armados, estarán prontos a servirle personalmente con armas y caballos contra cualesquiera enemigos de los españoles.

Firmaban el tratado Julián Pinuer, Fray Francisco Xavier de Alday, Fray Manuel Ortiz, Francisco Aburto, Ramón Flandez, Manuel Silva.

LEVANTAMIENTO DE 1792

Un nuevo motivo de alzamiento a los huilliches les darían los españoles. Estos comenzarían a ocupar tierras y expulsar a sus moradores. Es entonces cuando varias comunidades huilliches encabezadas por Tangol (Río Bueno), Queipul y Catrihuala forman una alianza para expulsar a los españoles de sus tierras.
Los primeros síntomas de rebelión se producirían a partir del 23 de septiembre de 1792 cuando los huilliches comenzaron a atacar a los españoles que se asentaban en las cercanías de la misión de río Bueno. Incendiaron las casas de los españoles, asesinando al correo del rey Carlos Mole y a nueve de ellos y robando el ganado. El misionero de Río Bueno, fraile Antonio Curcoa, fue amarrado desnudo a la cola de un caballo y arrastrado por el campo hasta la muerte.
Las noticias de estos hechos llegarían de manera parcelada de mano de los españoles que huían de los huilliches, y de las correspondencias enviadas por el superior de la misión de Cudico, fraile Francisco Hernández.
El gobernador de Valdivia, Lucas de Molina, convocaría a dos juntas de guerra, celebradas el 30 de septiembre y el 2 de octubre. En ellas se acordó formar una columna de soldados que debía partir con premura a reprimir a los sublevados. La columna la formaban 35 milicianos y 47 presidiarios. Debían emprender viaje remontando el río Tenguelen (Futa) para reunirse en la misión de Dallipulli con 22 soldados que estaban estacionados en ese lugar. El mando de estas fuerzas recaería en el capitán Tomas de Figueroa. Estas fuerzas partieron desde Valdivia el 3 de octubre.
Al ingresar en la zona de Cudico se encontrarían con la resistencia de los naturales. Luego de algunas escaramuzas, condeno a muerte, el 21 de octubre, al cacique Manquepan, a sus tres hijos y 17 mocetones.
Posteriormente, luego de sortear una resistencia algo irregular, llegaba al Río Bueno y lo cruzaba.
Luego de capturar a los caciques Añil y Catrihuala y con su ayuda continuaría marcha hacia el sur.
Así el día 22 de noviembre procede a tomar posesión de las ruinas de Osorno, a nombre de la Corona española, informando de esto al gobernador de Valdivia, y este de inmediato al Gobernador de Chile, Don Ambrosio O´Higgins, quien ordena la Repoblación de Osorno con colonos de distintas partes del país, especialmente de Chiloé.
La fuerza de Figueroa continuaría sus combates contra los sublevados destruyendo chozas y sembrados. Al darse cuenta del aparente sosiego de los indígenas volvería marcha hacia Valdivia. Al repasar el Río Bueno se toparía con una débil resistencia.
Figueroa regresaría a Valdivia el 14 de enero de 1793.
El 19 de marzo se levantaba en las cercanías de la misión de Río Bueno el fuerte San José de Alcudia.

SUBLEVACION HUILLICHE DE 1782 Y LA PAZ DE 1789

En 1782 un levantamiento huilliche, encabezado por los lonkos Trueque, Queipul, Tangol y Guechañir es derrotada. Posteriormente se produce un retroceso temporal de las tropas a lugares más seguros, pero en 1787 se fundan las misiones de Dagllipulli y Cudico.
Luego de haberse ejercido presión desde el sur los lonkos de Río Bueno, Ranco y Los Llanos de Osorno firmarían un Tratado de Paz con los españoles el 24 de febrero de 1789 a orillas del Bueno. Por este tratado los españoles se comprometían a no invadirlos y que las autoridades de la ciudad presidio de Valdivia les protegiesen de sus enemigos de Quilacahuin. Por su parte los huilliches permiten la apertura del camino a Chiloé y la ocupación de Osorno; a la firma acuden representantes del gobernador de Valdivia y cientos de huilliches.
En 1790 una epidemia de viruela, traída por el navío San Miguel, ataco la población de Niebla dejando como resultado 80 muertos.

LA VISITA APOSTOLICA DEL OBISPO MARAN 1787

En 1787 el obispo Francisco José Marán de Concepción partió desde su sede hacia Valdivia, durante una visita apostólica, pero fue hecho prisionero por el cacique de Tirúa. Su vida fue disputada en un «juego de chueca» entre los locales y la tribu amiga del cacique Curamilla, quien ganó la partida y le salvó la vida al obispo Maran.
He aquí el relato de Vicente Carvallo y Goyeneche sobre lo acontecido al obispo Maran y su comitiva:

"El cacique Analican, de la parcialidad de Repocura, puesto a la testa de doscientos hombres sorprendió en los pinares de Toquigua (noviembre 28 de 1787) no mui distante del río Caitén. Se apoderó de los equipajes, de las caballerías, i de la mulería. Los criados i mozo de mulas lloraron ocultarse en aquellos bosques, mientras que Analican se entretenía en el pillaje, pero Felipe Tejada i Jacinto Quiroga, dragones veteranos que acompañaban al reverendo obispo i quisieron defenderse, perecieron a manos de la multitud. El ilustrísimo i su comitiva se hallaban a distancia de más de trescientas toesas del alojamiento, caminando hacia él, cuando Analican se presentó a la vista, i tuvieron tiempo para volver las herraduras, i salvar sus personas, a que les dio lugar la codicia de los insurgentes, que cada uno se empezaba en hacer presa, porque el que no la hace vuelve a su casa con las manos vacías, i por eso descuidaron de las personas. Antes de ponerse el sol llegó el reverendo obispo con los demás a los montes de Tirua, sobre la ribera meridional del río de este nombre. Allí acordaron volver a la plaza de Arauco, pero lo contradijo el cacique Pollma, que procediendo de mala fe supuso que en la embocadura al mar del río Lleulleu les aguardaba un escuadrón de los insurgentes para quitarles la vida, i resolvieron seguir la marcha para Valdivia tomando la derecha de la ribera cielo mar, peligrosa pero corta.
El 3 de diciembre se hallaban a distancia de cuatro leguas de la entrada del Caitén en el mar, i entraron en mayores angustias. Tuvieron noticia (aunque falsa i maliciosamente dada) de que los insurjentes tenían cortada la retirada a la plaza de Arauco i al propio tiempo se les reunieron José Arraigada i Camilo Fernández, arrieros, i les avisaron de su mayor peligro en la continuación de aquella ruta. Porque el cacique Marinan con un trozo de quinientos indios, después de haber quitado la vida a su teniente de amigos Felipe Peña i haber maltratad al padre frai Francisco Fuertes, presidente de la casa de conversión de que hablan las actas del parlamento de Lonquilmo, cuya utilidad recomienda i pondera Don Ambrosio en el penúltimo capítulo de su citada del 20 de febrero de 1784, destruyó aquella misión el 29 de noviembre, i su padre misionero huyó a la plaza de Valdivia.
Esta noticia les hizo conocer la imposibilidad de pasar el río Caitén acordonado por Marinan; i perdida ya la esperanza de libertarse de aquellos bárbaros, el cacique Curimilla se profirió a restituirlos a la plaza de Arauco. Pasó mensajes a los caciques Guentelemu, Guaiquipan, Marileubu i Catileubu para que franqueasen el camino por sus territorios, i para que diesen escolta de gente armada para la seguridad del reverendo obispo. Sin dificultad accedieron a la mediación de Curimilla, porque la suerte ya habla decidido a favor de la vida de su ilustrísima, sorteada en una lid que llaman juego de chueca, i lo condujeron a la expresada plaza, desde donde se trasladó a la ciudad de la Concepción, que se hallaba en públicas rogaciones, con el Santísimo Sacramento manifiesto, por la preciosa vida de su prelado, i entró en ella el 9 de diciembre a los treinta i siete días de su salida. Todo el pueblo bajó a la ribera del Biobío a recibir a su pastor que habían llorado difunto. El devoto sexo manifestó con impetuoso llanto su doloroso sentimiento de verle regresar como si saliera de un naufragio, i los vecinos de alguna conveniencia le obsequiaron con las cosas necesarias para lo más esencial de su decencia".

OTROS HECHOS Y SUCESOS

El 25 de abril de 1770 el gobernador interino de Valdivia, teniente coronel John Garland, comunicaba al Virrey del Perú las inquietudes de los indios de esa comarca y las diligencias que había hecho para descubrir sus planes y mantener la tranquilidad.
En 1771 es fundada por los franciscanos la misión de Arique, junto al río Calle – Calle. Esta se extendería a lo largo de los ríos San Pedro y Quinchilca.
En 1774 el gobernador Espinoza Dávalos ordenaría la construcción de dos torreones de cal y ladrillo. Estos torreones, el de Barro y de los Canelos, servirían de defensa contra los indios sublevados.
El 12 de octubre, en tanto, a través de un bando publicado en Mancera, se promulgaban las condiciones en las cuales se ordenaría el “rescate” de los naturales. En ella se ordenaba “que en cumplimiento inviolable y observancia de las leyes expresadas se traten y contraten con los indios como vasallos libres de un mismo Príncipe, como próximos, en quienes se siembra la semilla del Evangelio para hacerlos fruto de la Iglesia y como hermanos a quienes el trato fraternal y caritativo los reduce a nuestra religión por medio de la civilidad y agrado; y en inteligencia de tales, siempre que algún conchavador, u otra persona adquiera algún Indio u India, Cholo o Chola que sacasen de la tierra de los bárbaros, no tienen facultad, en cumplimiento de las leyes, ni en conciencia, para hacer comercio de ellos, revenderlos y constituirlos esclavos, como ni menos los que los compran recibirlos y tenerlos por tales, pues se les tolera el servicio personal de estos indios que sacan de la gentilidad y libertan de la vida, con dos pretextos, que han de ser fundamentales motivos de este permiso: el primero, el que, no siendo rapto, sea acto voluntario de los adultos por si, y de los párvulos, por sus padres y parientes, el sacarlos de sus domicilios, y terrenos; y el segundo, el fervoroso celo y caridad cristiana de libertarlos de la muerte temporal o de la eterna, sacándolos de la gentilidad y trayéndolos entre los cristianos para que se instruyan en nuestra Fe y Religión. Este principal motivo les da acción de adquirir el servicio personal de los indios, con el nombre de obligación, por diez años, siempre que concurran las circunstancias de haberlos liberado de la vida que habían precisamente de perder y escaparon mediante las pagas que por ellos dieron”.
(Gabriel Guarda O. S. B., El servicio de las ciudades de Valdivia y Osorno 1770 – 1820, Revista de Historia N° 15, 1980, Págs. 67 – 95, Instituto de Historia)

El 18 de octubre de ese año se publica un Bando sobre el trato fraternal y caritativo de los indios por medio de la religión; se fundan siete misiones para su asistencia.
Espinoza Dávalos lograría reunir por primera vez en la ciudad a los 12 caciques de la región encabezados por Antillanca (gobernador de Quinchilca).
Preside el gobernador, el 26 de julio de 1777, en el Hospicio Real de San Francisco un parlamento junto a los cinco caciques de las reducciones de Osorno.
A raíz de la búsqueda de la ciudad de los Cesares los españoles promovieron una expedición en 1777 encabezada por el Comisario de Naciones, Ignacio Pinuer. Pero esta fue detenida en las márgenes del río Bueno, donde encontraron la resistencia de los indígenas locales. Pinuer seria reemplazado por Lucas de Molina. A la espera de este tomaba el mando interinamente el teniente Ventura Carvallo.
El 25 de octubre de 1777 el teniente de indios Bernardo Montesinos celebraba Parlamento en Los Llanos de Valdivia con los lonkos Aulañir, Huaiquiñir, Pailaleguir, Neiguir, Huaiquipan, Ngueril, Taño, Ancamil, Guanican, Catrilef y otros muchos mas acompañados de 1.416 konas. Mientras que el mismo día el capitán de amigos Francisco Aburto realizaba un similar Parlamento en la margen sur del río Bueno (Caguiñgue) con los lonkos Neiguir, Paillallao, Queupul, Cheuqueguir, Pueichaguir, Tangollanca, Leficura, Llancal, Manquemilla, Lefian, Tripayante, Antelican, Neico, Caniulef, Huaiquipangui y otros muchos con unos 300 konas. En tanto que los lonkos de los Llanos de Valdivia se comprometían a quedarse “todos quedos sin alteración alguna contra nosotros”, aquellos de Río Bueno manifestaban que “habían dado su corazón al español pues así lo habían prometido a V. S. y que no tenían dos corazones para retractarse de lo que habían ofrecido”. Luego de estos parlamentos los españoles cruzaron el río Bueno el 28 de octubre.
Mientras esto sucedía los misioneros se pusieron de acuerdo con los caciques locales para fundar una misión. El 3 de enero de 1778 se fundaba la misión de San Pablo de Río Bueno, construyéndose un fuerte para resguardar a la tropa y los misioneros.
En mayo se realiza la entrega formal de los terrenos por parte del comandante José Callejas a los misioneros.El 26 de mayo de 1779 el gobernador Pedro Gregorio Echenique preside la restitución de Valdivia en su antiguo emplazamiento. Según palabras del gobernador “se debía atender la Real determinación, por ser subrepticia las traslación y tan en contra del servicio de ambas majestades…”

EXPULSION DE LOS JESUITAS 1767

La expulsión de los jesuitas, ordenada por Carlos III, de todas las colonias españolas no tendría mucho problema en Valdivia.
Durante este periodo no hubo serias dificultades para llevar a cabo las reales órdenes. En la provincia eran poco numerosos. En la misión de Mariquina seria arrestado el padre Andrés Fébres siendo embarcado a Concepción. También el gobernador ordenaría la ocupación de la residencia y misión de la Compañía de Jesús en Valdivia.
La expulsión se llevaría a efecto el 6 de diciembre, al embarcarse los regulares Andrés Febres, natural de Manresa, Ignacio Frist, de Sicilia, José Murcia de Sevilla y Fernando de Andrade, de Chiloé, en el navío “Nuestra Señora del Rosario” con destino a Valparaíso, escoltados por el capitán don Lucas de Molina. El Rector, Fray Ignacio Tamayo, agonizando con una fuerte hidropesía, fue trasladado a la casa de doña Aurelia de Eslava y Lope, donde falleció.
La real orden de venta de las temporalidades de los jesuitas en Valdivia fue firmada en Madrid el 16 de junio de 1771 y tuvo el encargo de cumplirla el Comisario General don Ignacio Pinuer nombrado por la junta central, administrador de ellas. El remate se efectuó en seguida de las tasaciones hechas por una comisión especial de vecinos: la casa existente junto a1 muelle Chiquito en Valdivia fue adjudicada en 55 pesos a don Marcelo de Arteaga, la hacienda Mulpún, avaluada en 1.267 pesos 4 reales, la remató al contado en 880 pesos a1 capitán don Jaime de la Guarda, El Tomén, dividido en dos porciones, la remató en 750 don Ignacio Pinuer y en 500 don Lucas de Molina, finalmente La Estancilla fue adjudicada a doña Margarita de Castro.

EL CAMINO REAL (1721 - 1796)

Una de las necesidades más urgentes de la plaza y presidio de Valdivia era salir de su aislamiento. En esta época se encontraba rodeada por territorio hostil: al norte los mapuches y al sur los huilliches; la única vía de comunicación que se tenia era el mar.
Varias veces se intentaría unir la ciudad con Chiloé, pero las expediciones se encontrarían con los peligros que encerraban los naturales de la zona.
Ya en 1721 el cabildo de Castro, en comunicación con el Rey, solicitaba “se mandase repoblar Osorno y abrir el camino entre Chiloé y Valdivia.”
Esto seria la solución al constante aislamiento que vivía Chiloé con respecto al resto del territorio, mejoraría el transporte de viveres, correos entre Chiloé y la plaza más cercana, en este caso la Plaza y Presidio de Valdivia.
Ambrosio Sáez de Bustamante, gobernador de la plaza de Valdivia, expresaba en 1759 un detallado informe:

“… habiéndose empezado a facilitar la internación a los indios, que llaman Huilliches por la parte del camino que mira a Chiloé; los que ofrecieron y les convenía admitir españoles en sus tierras, y que se fortificasen y poblasen, viviendo con ellos; siendo este el medio de empezar a franquear la comunicación tan deseada y conveniente entre esta plaza y dicha provincia de Chiloé; en cuya consecuencia se emprendió la obra con solo las tan cortas fuerzas de esta guarnición (…) y abierto un áspero camino de montaña de mas de seis leguas de esta plaza cuando fue atacada nuestra tropa (que solo consistía de 130 hombres) por mas de mil indios… aunque tuvieron la suerte de que se les matasen bastante gente, pues se cree con fundamento hayan perdido mas de 200 hombres sin que de nuestra parte muriese mas que un negro de un balazo de los nuestros mismos y hasta 17 heridos y quemados por un accidente, aunque no de riesgo; en lo que se vio la alta mano de Dios y protección de Maria…Pero después de esta considerable ventaja, que sin duda ha ocasionado mucho terror en los indios, fue preciso retirarnos a la plaza, no pudiendo ya sostener la empresa por falta de gente… ni ser fácil enviarla el Señor Presidente por acercarse el invierno y las dificultades en la distancia que hay de Chile a esta plaza… Pero no dudo que se continúe el intento en tiempo oportuno y con las providencias necesarias, que aquí no hay, siendo el asunto tan importante, así por la apertura del camino para comunicarse con Chiloé, repoblando la ciudad de Osorno, como para la descubierta por los españoles que se dice haber no distante de dicha ciudad hacia la montaña, o cordillera (…)”
(Ricardo Molina Verdejo, El Camino Real entre Valdivia y Chiloé, Revista Austral de Ciencias Sociales, Nº 4, 2000, pp. 115-126)

En 1760 se intentaría comunicar la plaza de Valdivia con el río Bueno. El objetivo no seria logrado a causa de las hostilidades de los huilliches de la zona y las inclemencias del tiempo.
En 1788 por iniciativa del gobernador de Valdivia, Mariano de Pusterla, salía una expedición, el 20 de septiembre, al mando del teniente Pablo Asenjo y acompañado del sargento Teodoro Negrón y trece soldados. Luego de varios meses de marcha llegarían al fuerte de Maullín el 16 de enero de 1789, logrando unir la plaza presidio de Valdivia con aquel fuerte. En el transcurso de la marcha obtendrían ayuda de indios amigos para ir dando forma al camino. Los trabajos del camino real continuarían a pesar de varios inconvenientes. Desde 1790 el proyecto contaría con la colaboración del ingeniero Manuel Olager Feliu siguiendo las instrucciones del Virrey del Perú, Francisco Teodoro de Croix. En 1791 ya estaría trazado el plano correspondiente al Camino Real entre Valdivia y Chiloé. Una rebelión de los huilliches de Quilacahuin, Río Bueno y Ranco, en 1792, vino a cerrar el camino pero la paz firmada el año siguiente logro reabrirlo y repoblar Osorno.
El Camino Real, una vez restablecida la calma en la zona, pasaba a ser un eje comunicacional desde Valdivia pasando por San José de Alcudia (Río Bueno), Osorno, Maypue, Maullín y vía Canal de Chacao, a San Carlos de Ancud (Chiloé).

TRASLADO A ISLA CONSTANTINO

Se publica el 1 de noviembre de 1760 el bando por el cual el gobernador de Chile, Amat, según un plan aprobado por el rey, ordena el traslado de Valdivia a la isla de Mancera, medida de la cual resultarán innumerables perjuicios a la ciudad. El principal opositor a esta medida seria el gobernador de la plaza, Ambrosio Sáez de Bustamante, quien seria removido por el gobernador Amat, llamado a juicio de residencia y reemplazado por Tomas de Carminati. La población permanecerá en el mismo lugar, pero las autoridades y las tropas habitarán la isla durante 19 años.
La ciudadanía, opuesta al traslado de la ciudad a Mancera, se reunió en Cabildo Abierto y acordaron exponer las razones que los asistían para negarse al traslado. La carta seria enviada en diciembre de 1761 y que fue firmado por los siguientes personajes: Dr. Domingo Villegas, Vicario Foráneo de la Iglesia Mayor, Fray Javier de Goyeneche, Prior del convento de San Francisco, Fray Rafael Simó Soy, rector del colegio de La Compañía, Fray Santiago Laynes, Fray Juan Bautista Violeta, Prior del Convento de San Juan de Dios, Fray Gregorio Zorrilla, Fray Fernando de Vilches, el factor don Policarpo Navarro y Roldan, el Veedor don Manuel Marzan, el Maestre de Campo don Matías Ramírez y los Capitanes y Castellanos don Juan José de Vega y Bazan, don Miguel Francisco de Luque, don Pedro de Olmedo, don Manuel de Asenjo, don Francisco de Mena, don Jaime de la Guarda, don Pedro Henríquez, don Rafael González, don Miguel de Adriazola, don Venancio de la Torre y Laredo, don Juan José Matta, don Antonio de Ugarte, don Juan de Brito, don Marcelo de Espinosa, don Lázaro de Uribe, don Ignacio Pinuer y don José de Surnelzu.
En 1762 ante la posibilidad de un inminente ataque ingles a las fortificaciones de la plaza de Valdivia el gobernador interino de Chile Félix de Berroeta (posteriormente nombrado gobernador de Valdivia) llevaría personalmente un refuerzo de 300 soldados veteranos de infantería. Posteriormente el gobernador Guill y Gonzaga enviaba a Juan Garland a levantar los planos de la plaza y las fortificaciones de Valdivia y sugerir los cambios para mejorar la defensa de la bahía de Corral, sus cercanías y la plaza misma.
El fuerte de San Sebastián de Corral seria ampliado en 1764. En 1767 es ampliado el castillo La Limpia Concepción de Niebla y se habilita una fábrica de tejas y ladrillos en la Isla Valenzuela.
Ante la carta enviada por el cabildo abierto de 1761 el Rey emitía la real cedula de 6 de mayo de 1767 recomendando prudencia a la población, pero el Virrey seguiría con los planes originales para Valdivia.
Un nuevo gobernador, Pedro Gregorio de Echenique, vería la catástrofe que se avecinaba. Reunió a los notables de Valdivia y acordó el retorno del Estado Mayor y la tropa a la ciudad. Esta operación se llevo a cabo en mayo de 1779.

CAMPAÑA DE 1758 - 1759

En 1758 los lonkos de los Llanos de Río Bueno acudirían a un parlamento en Valdivia. En él solicitarían al gobernador de la plaza, Ambrosio Sáez de Bustamante, el auxilio contra las malocas que llevaban a cabo los indios juncos. El gobernador Sáez, previa autorización de Santiago, despacharía a fines de 1758 un contingente al mando del capitán Juan Antonio Garretón con el propósito de construir un fuerte, llamado Nuestra Señora del Pilar, en las márgenes del Río Bueno para así contener las andanzas de los indios juncos y establecer una vía de comunicación más directa con Valdivia. Para asegurar la retirada a este pequeño escuadrón, mandó el gobernador levantar un fortín en Huequecura, al sur del río Angachilla, y lo puso a las órdenes del capitán don Francisco de Luque.
El 27 y 28 de enero de 1759 estando acampado a orillas de Bueno unos cuatro mil hombres al mando de Paidil y Catillanca atacarían a la columna de Garretón pero saldrían derrotados. Ante la noticia el gobernador de Valdivia le ordenaría a Garretón retirarse a Valdivia.
El resultado de esta campaña seria desastroso y la autoridad hispana se daría cuenta del grado de hostilidad que los diferentes pueblos huilliches tenían con los españoles.
En 1760 la plaza de Valdivia contaba con una doble muralla de mampostería de piedra. Tenia almenas con merlones y troneras y seis garitas para los centinelas.

REINTEGRO A LA CAPITANIA GENERAL DE CHILE 1740

En 1740 Valdivia deja de depender administrativamente del Virreinato del Perú por una cedula emitida el 17 de septiembre de ese año por el rey. En 1741 se recibiría la Real Cedula que entregaba la plaza a Chile. Manso de Velasco redactaría las 31 ordenanzas para el nuevo gobierno completadas con el “Reglamento para la Guarnición de Valdivia.”
Un incendio ocurrido en 1742 reduciría casi en su totalidad a cenizas la ciudad. El gobernador Navarro Santaella, afrontando a un tiempo la escasez de viviendas, sacrifico, su propio caudal para subsanar con la mayor rapidez las dificultades. Reedificó con gran suntuosidad las tres iglesias destruidas, los claustros de la Compañía y de San Juan de Dios, el hospital, los castillos, los almacenes reales y las casas de particulares; repartió más de 2.750 pesos a los militares y por el resto de su gobierno, anualmente, 1.500 pesos en ropas, 3.000 a los sacerdotes y diariamente 14 raciones entre los pobres. El vecindario lo aclamó como el mejor gobernador que jamás había tenido, llamándolo bienhechor y hasta padre; el rey al igual que las demás autoridades, por real cedula, de 11 de octubre de 1742, lo felicitó calurosamente.
El 18 de enero de 1748 un gran incendio arrasaba con gran parte de la ciudad. El incendio estallaría a las dos de la tarde de ese día en la Casa de los Jesuitas, cuyo superior, padre José Ambert, descuido una luz que encendió para ciertos menesteres. Se lograron rescatar de las llamas los libros de registros parroquiales y de contaduría con las custodias de la Iglesia de la Compañía y el Hospital Real.
En 1748 se dictaban las ordenanzas militares para las tropas asentadas en Valdivia. Estos reglamentos serian aprobados por el rey el 17 de abril de 1752, el gobernador Manso lo pondría en vigor en 1753 e implantadas por el gobernador Ortiz de Rosas a partir del año siguiente. Las tropas de la guarnición de Valdivia debían formarse de un solo batallón de infantería de 363 hombres.
En 1755 el gobernador de la plaza, Sáez de Bustamante, hizo cavar un foso alrededor de la plaza, provisto con murallas, puentes, terraplenes, protegidos por baluartes en toda su extensión.