viernes, 13 de marzo de 2009

DESTRUCCIÓN DE VALDIVIA

Valdivia seria nuevamente destruida, durante el alzamiento de 1598 – 1604.
El corregidor de la plaza de Valdivia, Alonso de Zurita y Aguilera; en tanto era el maestre de campo general el capitán Gómez de Romero. Gómez de Romero ante las noticias del desastre de Curalaba y la muerte del gobernador de Chile, emprendió expediciones en los valles circunvecinos para desbaratar algún indicio de rebelión indígena en la zona.
Recorrería la zona entre Valdivia y Osorno fundando un fuerte donde dejaría 30 hombres bajo el comando del capitán Gaspar Viera. Posteriormente volvería a Valdivia y desde esta plaza partiría rumbo a Concepción donde el gobernador interino, Viscarra, lo confirmaría en su cargo de maestre de campo de Valdivia. Volvería a la plaza con algunos refuerzos para emprender nuevas correrías contra los huilliches y no tomaría previsiones para resguardar la ciudad.
Ante esto, algunos descontentos encabezados por el capitán Andrés Pérez, fortificarían la ciudad para resguardarla de futuras incursiones enemigas. Pero al regresar Gómez de Romero desautorizaría a Pérez dejando sin resguardos la plaza.
En la noche del 24 de noviembre de 1599 unos 400 indios al mando del cacique Pelantaru atacarían Valdivia, destruyéndola por completo y llevándose entre los prisioneros a mujeres y niños.
Había en la plaza un fuerte con varias piezas de artillería, pero ese día trágico para la ciudad estaba vacío desprotegiendo Valdivia.
“Quemaron los templos, haciendo gran destrozo en las imágenes y haciéndolas pedazos con sacrílegas manos”, dice un documento de la época.

“La noche del día emplazado, (noviembre 24 de 1599), se arrimaron a la ciudad cinco mil indios de infantería i caballería, i tomadas sus avenidas, sus calles i puertas de las casas, se apoderaron de la guardia de la plaza, i de sus baluartes i artillería. Tocaron a fuego en todas las iglesias, para que saliesen los españoles a1 sonido de las campanas, i cayesen en manos de las partidas, que les aguardaban en las puertas de sus casas; i les salio tan bien esta máxima, que antes de dos horas eran dueños de la ciudad, que anocheció brillante i amaneció desolada.
Entrado el día, la saquearon, i entregaron a1 fuego sus edificios. Comenzaron por los templos esta sacrílega maldad, i apostatas de la religión, ultrajaron las sagradas imágenes, i profanaron el santuario, i sus sagrados vasos. Ascendió esta perdida a más de tres millones de pesos. Quitaron la vida a cerca de cuatrocientos hombres; cautivaron cuatrocientas mujeres españolas, cuarenta i dos niños, i pocos varones, que libertó la fidelidad de algunos criados. “
(Vicente Carvallo y Goyeneche, Descripción histórico geográfica del Reino de Chile, Tomo I, pág. 230)

Después de dos horas de incendio y degüellos, los indios eran dueños absolutos de la ciudad. En esa jornada perecieron más de cien españoles entre hombres, mujeres y niños; y quedaron cautivos más de trescientos que habían podido salvarse de las acciones del ataque. Entre los cautivos se encontraba el capitán Andrés Pérez Rodríguez, Mariana Montenegro, Diego Ordóñez de Lara, Clara de las Cuevas y de la Puente Arredondo, Francisco de Lara, Rodrigo de las Cuevas, Gregorio de Hinostroza y su hijo Lope, Aldonza de Castro y Aguilera, Pedro de Sotomayor y su señora Ana de Almonacid, Gaspar de Almendras, Mariana de Soto, María de Santander y Montes Claros, Mariana de Niebla y Jerónima Carlos,
El virrey Velasco envía una tropa al mando del coronel Francisco del Campo, de 280 hombres en dos barcos rumbo a Valdivia en noviembre y posteriormente envía 106 hombres al mando de Juan Martínez de Leiva. Del Campo llegaría a Valdivia el 5 de diciembre y Leiva lo haría a Concepción en enero de 1600.
A la llegada del coronel Del Campo, el 5 de diciembre, encontraría la ciudad en la más completa desolación, estaba destruida. En el puerto encontraría un buque donde se habían ocultado algunos españoles. Por informes entregados por los sobrevivientes se enteraría de la magnitud del alzamiento y que Osorno y Villarrica estaban en peligro.
Entonces marcha a Osorno con una tropa de 165 soldados a pie y resguarda la ciudad contra un ataque indígena de Pelantaru y sus secuaces Jerónimo Bello y el clérigo Juan Barba. Los indios atacarían la ciudad de noche, incendiando la Iglesia San Francisco y otras edificaciones. Pero el ataque no surtiría efecto gracias a la reacción de los refuerzos del coronel del Campo, quien derrotaría a los indígenas. Después de vencerlos se devolvería con parte de sus tropas a Valdivia. Un gran error.
El 19 de enero de 1600 el grueso del ejército araucano, unos cinco mil efectivos, atacaría de madrugada nuevamente Osorno desde 5 puntos distintos. La lucha fue denodada. Los indígenas incendiarían las iglesias y las casas abandonadas. La situación habría pasado a mayores si no es por el oportuno regreso del coronel del Campo. El cerco seria levantado el 21 de enero al tenerse noticias de los refuerzos traídos desde Valdivia.
Luego de su llegada iniciaría una serie de incursiones por las comarcas cercanas recogiendo víveres y atacando a los indígenas sublevados. La idea era recobrar fuerzas y repoblar Valdivia, además de traer la calma a la región. Pero noticias graves llegarían a sus manos: corsarios europeos estaban en Chiloé y posiblemente se dirigirían hacia Valdivia.
En 1600 el corsario holandés Sebastián de Cordes realizaría una incursión a las ruinas y se asentaría por un corto tiempo en el lugar.
Arriba el coronel Francisco del Campo a una ciudad en ruinas, Valdivia, y marcha forzosamente hacia Osorno, combate a los rebeldes huilliches y fallece durante la campaña a mediados de marzo de 1601.
Al tenerse noticias de los hechos, el gobernador Alonso de Ribera, organiza una expedición de 200 soldados a cargo de Francisco Hernández de Ortiz y Gaspar Docel. Zarparían de Concepción el 9 de noviembre de 1601 y llegarían a las ruinas de Valdivia el 22 de ese mes. Desde allí se dirigieron a Osorno, realizando varias incursiones contra los indios.
Hernández de Ortiz llegaba a estas tierras con el encargo de asumir el mando en caso de que Francisco del Campo hubiese muerto, apaciguar el territorio, levantar un fuerte en Valdivia y socorrer Villarrica.

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