domingo, 22 de marzo de 2009

JOHN NARBOROUGH EN VALDIVIA

Aunque poco se sabe de este navegante en documentos contemporáneos se tiene información que partió desde costas inglesas en 1669, su intención era explorar las costas continentales de América hispana.
Llegaría a las costas de Valdivia el 14 de diciembre y se daría cuenta, luego de un cañonazo disparado desde tierra, que se encontraba frente a un reducto español.
Entre los tripulantes del buque ingles de encontraba Carlos Henríquez, uno de los españoles que había sugerido la realización del viaje. Este bajaría al sur de Punta Galera, rumbo a Valdivia, a solicitar información y pertrechos para el buque. No se recibiría algún tipo de información sobre su destino.

"A las ocho envié la chalupa al lugar en que había desembarcado don Carlos. En la punta del sur de esa pequeña bahía hay un fuertecito con siete cañones denominado Santiago. La chalupa no lo descubrió sino cuando estuvo a tiro de fusil. Los españoles que estaban a la orilla del mar enarbolaron una bandera blanca y llamaron a la chalupa. Mi teniente después de cambiar algunas palabras con ellos, bajó a tierra inmediatamente se acercaron a él unos veinte españoles e indios armados y lo llevaron a la rampla del fuerte, bajo un árbol grande, donde el comandante y otros dos oficiales hicieron a nuestra gente un saludo a la española y la invitaron a sentarse en sillas y bancos alrededor de una mesa y a la sombra porque el tiempo era muy claro y el sol ardiente. El comandante hizo traer vino en un jarro de plata y bebió a la salud de mi teniente. Hizo disparar al mismo tiempo cinco cañonazos demostrando mucho contento de ver ingleses en esos lugares".
(Diego Barros Arana, Historia General de Chile, Tomo 5, Capitulo XIX, pág. 106)

El 17 de septiembre desembarcaría el teniente Nataniel Pecket junto a 18 hombres para realizar intercambios con la guarnición. Los ingleses pudieron vender pocas armas por pesos fuertes de plata y, aun, cambiaron algunos obsequios; pero se les negó el pan y el permiso de hacer aguada, declarándoles que era preciso pedirlo al comandante de otro fuerte vecino. El teniente no pudo recoger ninguna noticia acerca de la suerte que había corrido don Carlos Henríquez.

“El 18 de diciembre nuestro capitán envió a tierra su otro teniente Thomas Armiger con tres hombres de la tripulación para suplicar de nuevo al Gobernador que nos permitiese hacer aguada; pero éste los retuvo prisioneros a todos cuatro sin alegar ninguna razón, y no hubo medio de obtener su libertad por más diligencias que hiciéramos para ello. En efecto, el 19 enviamos una chalupa con bandera blanca a alguna distancia del fuerte, sin que nadie quisiera parlamentar con nosotros. El mismo día nuestro capitán escribió una carta al Gobernador por conducto de dos indios que habían venido a bordo y que nosotros enviamos a tierra, pero no obtuvo ningún resultado. Nuestros hombres, detenidos como prisioneros enviaron una canoa para pedir su ropa. Lo que nosotros no pudimos rehusarles. El empeño de los españoles tendía a apoderarse de nuestro buque, pero el capitán supo evitarlo”.
(Diego Barros Arana, Historia General de Chile, Tomo 5, Capitulo XIX, pág. 107)

Posteriormente entraría en tratativas con los españoles pero estos capturarían a los cinco emisarios que enviaba a la costa. Ante esto y la falta de víveres que le acosaban, Narbourogh decidió volver a Inglaterra. El 22 de diciembre (1 de enero de 1671, según los españoles) los expedicionarios levaron anclas y se hicieron al mar sin que en tierra se tuviera la menor noticia del rumbo que pensaban seguir.
En tanto el gobernador de la plaza enviaría a los prisioneros hacia Concepción a fines de enero de 1671, luego de interrogarlos sobre sus intenciones. Estos declararon que la expedición no tenía otra intención que el comercio y no el bélico. Ante el gobernador de Chile declararían que las intenciones de la expedición era de comercio y muy pacificas. Estos prisioneros serian remitidos en febrero a Lima, donde el Virrey, conde de Lemos, les permitió escribir a Inglaterra para que dieran cuenta a sus familias de la situación en que se hallaban. El Virrey depuso al gobernador de Valdivia por la conducta que había observado en esta emergencia y dio el mando de esta plaza al maestre de campo don Ignacio Carrera.