viernes, 13 de marzo de 2009

PRIMEROS INTENTOS DE REPOBLACIÓN

Tiempo después del despoblamiento del fuerte de Trinidad de Valdivia los diferentes gobernadores de Chile habían visto la necesidad de repoblar y reforzar la plaza pero chocaban con problemas de índole variada para llevar a cabo la empresa.
En septiembre de 1614 se tuvieron noticias de una expedición de cuatro barcos en las costas de Valdivia. Se dijo, a través de un indio de Cayocupil, que habían visto desembarcar a extranjeros en las ruinas de la ciudad. La noticia no fue tomada en serio por el gobernador de Chile, Ribera. A pesar de su escepticismo mando una nota a la Real Audiencia de Santiago para que informara a Lima y envío una expedición para comprobar las noticias recibidas. La noticia provocaría cierta alarma en Perú. En diciembre de 1614 zarparía una expedición de dos carabelas y un patache con quinientos trece hombres al mando del general Rodrigo de Mendoza. A mediados de febrero de 1615 llegaba a Valdivia sin encontrar rastros de la expedición extranjera. Regresaría a Callao en abril.
En agosto de 1615 una flota holandesa, encabezada por Joris Van Spilbergen, llega a las costas valdivianas.
Alrededor de 1616 los indios de la zona de Valdivia, presumiblemente encabezados por el cacique Huentemayu, hicieron llegar a los españoles solicitudes de repoblamiento para la ciudad de Valdivia. Para ello el mismo Huentemayu ofrecía su sometimiento por dos años. Pero después de estudiar las propuestas el gobernador Ribera no creyó en ellas y así lo hizo saber al Virrey.
“Las paces que ofrecieron los indios de los términos de Valdivia y Osorno han parecido ser falsas y cautelosas, como siempre se imaginó, porque a 16 de enero de este año llegó a este puerto (Concepción) un navío de Chiloé en que vino el maestre de campo Juan Peraza de Polanco, a cuyo cargo estuvo aquella provincia, y trajo la información cuya copia va con ésta. Antes de esto había muchas premisas de ello, porque cuando se cogió a Pelantaro y a los demás prisioneros y españoles (rescatados del cautiverio) se supo el origen que tenían estas paces, como también se podrá ver por las declaraciones que envío. Tenga V.M. por cierto que estos indios son grandísimos traidores, y que no han de dar paz sino por fuerza, ni la han de sustentar sin ella.”
(Carta al Virrey por el gobernador Ribera, 1616, Archivo de Indias)


Desde 1622 la Real Audiencia de Lima, que gobernó interinamente el Perú y el virrey marqués de Guadalcázar habían querido ocupar y fortificar la ciudad de Valdivia para impedir que los holandeses se asentasen allí. El padre Valdivia veía que esta misión no ofrecía mayores dificultades ya que incluso los caciques de la zona deseaban el regreso en paz de los españoles.
A fines de 1623 dos embarcaciones menores, al mando del alférez Pedro de Bustamante, arribaban a las costas de Valdivia. Al acercarse al puerto se percataron de la presencia de un grupo de indios con intenciones de paz, Bustamante bajaría con un grupo de soldados pero tan pronto desembarcaron los atacaron matando al alférez y otros diez soldados. Este hecho reafirmaba la necesidad de repoblar la ciudad y así se lo hizo ver el gobernador Pedro Osores de Ulloa al virrey del Perú y al rey de España.
Lo anterior demostraba la urgencia con que debía llevarse la repoblación de Valdivia, pero el gobernador Osores de Ulloa argumentaba que con los medios disponibles no se podía llevar a cabo semejante empresa.
A mediados de 1624 el gobernador interino Alaba y Nurueña despachaba hacia el sur un grupo de barcos para verificar la presencia de holandeses en la zona, verificando si habían desembarcado o no en Valdivia o Chiloé. Al percatarse que estos no se encontraban en los lugares previstos desembarcaron al sur de Valdivia. Al poco tiempo se percataron de la hostilidad de los huilliches y se vieron obligados a presentar combate en febrero de 1625. Conseguirían dispersar a los indios después de matarles muchos y dejando ellos cinco soldados muertes y tres indios de servicio.
En 1627 Pedro Páez Castillejo, enviado desde Chiloé por su gobernador Tomas Contreras Lasarte, llegaría a Valdivia donde maloquearía dándose cuenta de la desocupación de la plaza. Regresaría a Chiloé pero con tan mala suerte que su navío encallaría en Punta de Quedal.
El gobernador de Chile, Francisco Laso de la Vega, presentaría al rey la necesidad de repoblar Valdivia y su fuerte, se temía que los holandeses llegasen de forma permanente. El rey Felipe IV en cedula al virrey del Perú de 18 de marzo de 1635 ordenaba la necesidad de repoblar la zona: “Y siendo así que uniformemente todos convienen en que se fortifique dicho puerto (Valdivia) y que hoy insta la necesidad mas que nunca por la ocasión referida ( expediciones holandesas al Brasil), habiéndoseme consultado por los de mi Junta de Guerra de Indias, he resuelto que se haga la dicha fortificación, y así os encargo que con particular cuidado y desvelo, atendáis a lo que esto toca, mirando por la defensa de dicho puerto, y comenzando luego a disponer la dicha fortificación.”
(Diego Barros Arana, Historia General de Chile, Tomo 4, Capitulo IX, pág. 250)

Pero esta cedula no seria acatada por el virrey, conde de Chichón, ya que este tenia sus aprehensiones respecto de los gastos que debería hacer el virreinato. Algunos funcionarios le expresarían sus aprehensiones.

“No digo yo, decía uno de los que sustentaban esta opinión, que el enemigo de Europa no entrará en Valdivia, porque eso fuera error, supuesto que lo puede hacer siempre que entrare en este mar del sur. Empero sí, digo que no lo tengo por tan ruin soldado que resuelva fortificarse en Valdivia, habiendo tantas razones que contradigan su conservación y permanencia, porque no sólo no es a propósito aquel puerto para el designio del enemigo sino inútil. Yo he deseado averiguar qué fundamento pueda haber tenido esto del enemigo y de Valdivia; pero no le he hallado más origen que haberlo dicho el vulgo, autor clásico, gran soldado. Y la más colorada razón del vulgo es que el enemigo rebelde de tierra se aunará con el de Europa, y que de esta unión resultarán todos los inconvenientes que se previenen. Asentemos, pues, esto por imposible; y que lo posible y lo seguro será que si hubiere esta unión, durará lo que tarde la ocasión de pasar a cuchillo el rebelde de Chile (los araucanos) al de Europa (los holandeses); y que si este último es soldado, ha de andar siempre la barba sobre el hombro y las armas en la mano, aun cuando más seguridad le parezca hay en su unión, porque es cosa ridícula pensar otra cosa ni que el enemigo de Chile se podrá conformar con otro, no teniendo cabeza ni constancia, palabra ni reputación.”
(Diego Barros Arana, Historia General de Chile, Tomo 4, Capitulo IX, pág. 250)

Los que estaban en contra de la repoblación de Valdivia aducían como razones que si los holandeses quisieran poblar Valdivia se hubiesen encontrado en constante guerra con los indios. Otra razón para desechar el proyecto era que se esperaba que Perú y Chile corrieran con los gatos sin que la Corona desembolsase suma alguna. El virrey, conde Chinchon, queriendo evitar gastos innecesarios enviaría en abril de 1636 un comunicado a Felipe IV donde le decía que ese trabajo era “de poca utilidad”. Al mismo tiempo enviaba la real cedula al gobernador de Chile haciéndole ver que los gastos del repoblamiento y fortificación de Valdivia saldrían de Chile.
En tanto Laso de la Vega pretendía llevar a cabo estas ordenes no solo por el temor de los holandeses si no porque creía que este asentamiento serviría para expandir la dominación española en la zona. Pero como carecía de recursos para implementarla, trataría de interesar a la comunidad de Santiago. La reunió en cabildo abierto el 22 de septiembre de 1636, pero la pobreza general del país impediría apoyar la repoblación de Valdivia.

“Dio principio a la propuesta, dice uno de los al tos funcionarios que concurrieron a esa asamblea, un capítulo de carta de S.M., Dios le guarde, y una carta del virrey del Perú, conde de Chinchón, enderezándose uno y otro a la fortificación y población de Valdivia, puerto entre los de este reino el más capaz, el más apto para que el enemigo pirata lo ocupe, como ha días desea, haciéndole escala de sus navegaciones, asilo de sus miedos y defensa de sus robos. Y aunque esta fortificación es tan importante, no puede hacerse por su real hacienda por la fuerza de continuas y poderosas guerras con que esta monarquía está oprimida, y quisiera que sin el gasto de ella se consiguiera el efecto, para lo cual anima a los vasallos a que le den arbitrios, no en el modo de fortificación, gente y pertrechos, que ha menester, sino en la manera cómo se harán estos gastos sin que su hacienda real lo supla ni se enflaquezca en esto más de lo que está. Acudió a su fomento el licenciado don Pedro Gutiérrez de Lugo, oidor de esta Real Audiencia, mostrando con larga persuasión en la elocución discreta su retórica, en los fundamentos fortísimos su ciencia y experiencia larga y en los diversos efectos el celo del real servicio. Con tal ornato de razones encendió los ánimos y persuadió las voluntades que si así como ellas salieron dispuestas les ayudaran las fuerzas, no tenía S.M., Dios le guarde, sino abrir los cimientos, delineando la planta y levantando los muros de la fábrica sin ninguna costa de su real hacienda.”.
(Diego Barros Arana, Historia General de Chile, Tomo 4, Capitulo IX, pág. 251)

El marques de Baides intentaría llevar a cabo las ordenes emanadas del rey sobre el repoblamiento de Valdivia, así lo dio a conocer al cabildo de Santiago. El organismo solo podría ofrecer un donativo que se entregaría anualmente, durante cuatro años, el cual no seria suficiente para mantener la guarnición de la plaza de Valdivia y su repoblación (octubre de 1639). Ante esto el Gobernador abandonaría la empresa.
En 1639 se realiza la inspección de Francisco de Quiroz a Valdivia, enviado por el Virrey conde de Chinchón con la tarea de levantar planos y recoger algunas hierbas “trayéndose gran cantidad de plantas… de aquellos mares”