viernes, 8 de mayo de 2009

SUBLEVACION DE LOS SARGENTOS (1821)

En la primavera de 1821 se tuvieron noticias de que el gobernador español de Chiloé, Quintanilla, estaría preparando sus tropas para iniciar la reconquista de Valdivia, gracias a las miserias en que se encontraba la ciudad.
Letelier llevaría tropas hacia Osorno y levantaría fuertes en prevención de las marchas de los realistas desde el sur.
El 15 de noviembre de 1821 la guarnición de Valdivia se levantaría en armas ante su crítica situación derivada por la falta de circulante para pagar a la tropa. En el levantamiento fallecería el gobernador de la plaza. Igual suerte correrían los oficiales capitán Manuel Baldovinos, capitán Miguel Cortés, teniente Domingo Anguita, teniente Juan de Dios Vial, teniente José María Carvallo y teniente Miguel Alfonso.
“Don Juan García, comandante general de la división nacional de observaciones en Osorno, etc. Por cuanto a que las circunstancias exigen se satisfaga al público de un hecho que seguramente debe tener en expectación a toda la provincia y debiendo en cumplimiento de mis deberes manifestar al mundo los justos e irrevocables motivos que me han impelido a proceder directamente contra la persona del Gobernador don Cayetano Letelier y otros oficiales, cuyas conductas relajadas y separadas del regular orden han maquinado que les haya cabido la suerte de ser decapitados en la mañana de este día. Mi primera atención cuando emprendí mi carrera militar en los libres estandartes de la patria fue sacudir el yugo en que yacíamos ofreciéndome al sacrificio voluntariamente por ver mi país en el honroso rango de nación y demás que constituyen a un hombre libre protegido por las leyes. Don Cayetano Letelier en el momento que se recibió del mando olvidó estos deberes, su conducta política es la primera base que sostiene la fuerza no ha sido otra que la de la opresión. El soldado ha carecido hasta de lo más preciso para sostener la vida, los alimentos suministrados eran sucintos, cual es público, los sueldos no completos cuya escasez no la motiva la falta de numerario, sino los monopolios conocidos. La provincia es testigo, y las contribuciones y otros sacrificios hechos por el sostén de la tropa, no me queda duda que la conducta de Letelier más ha aspirado a la destrucción de las fuerzas que a asegurar los derechos de América, tratando de entorpecer la majestuosa marcha con que caminan nuestros negocios públicos. En los meses que anteceden se suministró a la tropa dos pesos, sucinta cantidad con que gratos sufrían la fatiga y penalidades de un caro país, falto de los recursos de primera orden, en el presente sólo hemos recibido un peso después de los gastos que origina una marcha. Los trabajos de fortificación en las avenidas de Chiloé se han construido sin librarse a los empleados en esta fatiga la más pequeña gratificación. El trato de los oficiales en los continuos ejercicios es bien público, de su orgullo e insolencia no se exceptuaban ni aún los sargentos hasta el extremo de recibir palos y otros improperios tan notorios, la falta de una leve lista, se castigaba con un exorbitante número de palos: por último, a pesar de haber salido la guarnición a campaña, el cirujano quedó en Valdivia cotejando la comodidad de aquel, y no el de los infelices enfermos. Mis miras y la de la valiente tropa de mi mando no aspiran destrucción ni a turbar el orden, el sosiego la tranquilidad del vecindario, protegerlos y asegurar sus intereses derramando hasta la última gota de sangre en defensa de la patria, es el norte que nos dirige: en cuya virtud toda autoridad política y militar se sostendrán en sus destinos ejerciendo las funciones que el gobierno de que dependemos les haya confiado. Si las tropelías inevitables en la tropa hubiere causado algún saqueo u operación diversa a mis ideas reclamará el dueño de las prendas a quien se entregará, dado el debido parte. Publíquese por bando en los sitios acostumbrados de esta ciudad, transcríbase al superior gobernador accidental de Valdivia, como también a las demás autoridades del distrito. Es dado en el cuartel general de Osorno, a 15 de noviembre de 1821”.

Rafael Pérez de Arce, vecino de Valdivia, lograría aquietar los ánimos de las tropas con la ayuda de un oficial chilote llamado José Mesa.
Los insurrectos nombrarían jefe de las tropas al capitán José Maria Labbe, pero este se retiro de la ciudad declinando el nombramiento. Entonces se hizo cargo el sargento Juan García, quien emitiría un bando a la provincia donde daba como consumada la revuelta. García informaría al cabildo de Valdivia la intención de llamar a elección de gobernador para suplir la falta acaecida después de la muerte de Cayetano Letelier. La elección se realizo el 28 de noviembre en las cercanías de Trumao (Río Bueno) y se eligió a Pedro de la Fuente. Duraría en el cargo tan solo un mes sustituyéndolo Jaime de la Guarda.
En diciembre de 1821 se le concedían facultades especiales al fraile dominico Victorino Navarrete para viajar a Valdivia como encargado de esa Misión. Entre las facultades estaba: conceder cuarenta días de indulgencia para los que oyeren la misión; levantar altar y celebrar misa en oratorios; en cuaresma poder dar las cedulas de comunión y confesión; dispensar problemas matrimoniales (consanguinidad, adulterios).