viernes, 8 de mayo de 2009

TERREMOTO DE 1835

El 20 de febrero de 1835 tenía lugar un terremoto que asolaba la zona comprendida entre Concepción y Osorno. En Valdivia, el sismo se sentiría a las 11:30 y causaría graves daños.
“Día memorable en los anales de Valdivia, porque se ha sentido el mas violento terremoto que según humana memoria ha tenido lugar aquí. Me encontraba en la costa y me había tendido a la sombra, en un bosque, para descansar un poco. El terremoto comenzó de repente y duró dos minutos, pero a mi compañero y a mí nos pareció mucho más largo. El temblor del suelo era muy sensible; las ondulaciones parecían venir del Este; otros sostuvieron que del Sud-oeste, lo que prueba cuán difícil es determinar la dirección de las vibraciones. No hay gran dificultad para sostenerse de pie, a mí casi de produjo mareo el movimiento, que se parece mucho al de un buque entre olas muy cortas, o, mejor dicho, como si se patinase en hielo muy blando que cediese al peso del cuerpo.
Un terremoto trastrueca en un instante las mis firmes ideas; la tierra, el emblema mismo de la solidez, ha temblado bajo nuestros pies como una costra muy delgada puesta sobre un fluido; un espacio de un segundo ha bastado para despertar en la imaginación un extraño sentimiento de inseguridad que horas de reflexión no hubieran podido producir. El viento, en el momento del choque, agitaba los árboles de la selva; y yo no hice sino sentir la tierra temblando bajo mis pies, sin observar ning6n otro efecto. El capitán Fitz-Roy y algunos oficiales se encontraban entonces en la ciudad; allí el efecto fue mucho más notable, porque aunque las casas construidas de madera no fueron derribadas, no dejaron de ser violentamente sacudidas. Todos los habitantes, presa de loco terror, se precipitaron por las calles. Son estos espectáculos los que crean en cuantos han visto y sentido sus efectos ese indecible horror a los terremotos. En la selva el fen6meno es muy interesante, pero no produce ning6n terror. El choque afecta a1 mar de curiosa manera; una anciana mujer que se hallaba en la playa me dijo que el agua se dirigió con gran rapidez hacia la costa, pero sin formar grandes olas, y subió rápidamente hasta el nivel de las grandes mareas; después recobr6 su nivel con la misma velocidad; la línea de arena mojada me confirm6 lo que la anciana me dijo. Ese mismo movimiento rápido, per0 tranquilo, de la marea se produjo hace algunos años en Chiloé durante un ligero terremoto y caus6 una gran alarma. Durante la velada hub0 muchos choques pequeños que originaron en el puerto corrientes muy complicadas, algunas de ellas bastante violentas”.
(Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del mundo, págs. 360 - 361).

En diciembre de 1835 bajo los auspicios del gobierno se embarcan en la goleta “Colo – Colo”, con destino a Valdivia y Chiloé, los presbíteros Rafael Valentín Valdivieso, José Ignacio Víctor Eyzaguirre Portales, Juan Ramón Cabrera Saavedra, Manuel Valdés, Ramón del Canto y el franciscano Manuel Araja. Durante cuatro meses recorren el territorio y al regresar a Santiago confirman en todos los puntos la gravedad del cuadro descrito por el ministro Tocornal. A raíz de esto se gestiona el viaje de franciscanos italianos. En octubre de 1837 es repuesto el Convento de Valdivia con los padres Rómulo Poggi, Querubín Brancadori y Lorenzo Remo.
En nota de 14 de junio de 1836, el Intendente acusaba recibo de la orden de recoger las onzas de oro de 1826 y 1830 que se hallaron en las oficinas fiscales, “el que ha tenido entero cumplimiento en las oficinas fiscales de esta provincia, en las cuales no se ha encontrado una sola onza de oro”.